Léelo.
Léelo por que te lo mereces.
Y no lo recomiendo solo porque creo muy firmemente que nadie jamas podrá superar a mi Cortázar, lo recomiendo porque se te va a hacer tan rápido leerlo que luego desearías borrar de tu mente lo que leíste para volver a leerlo una y otra vez.
Aproximadamente de doscientas paginas, cuanta con dieciocho cuentos cortos de realismo fantástico que dejan esa sensación de irrealidad y esa intriga matadora.
Los cuentos deben tener diez paginas cada uno, yo deseaba que de cada cuento se haga un libro extenso así de tanto me gusto.
Leo por ahí como muchos lectores de Julio Cortázar analizan sus obras.
Fácil de leer y perderse.
Mi cuento favorito tal vez sea Después del almuerzo que narra la historia de un chico que es obligado por sus mayores a pasear a alguien/algo en ómnibus al centro de Buenos Aires, nunca se aclara quien es el acompañante y se deja claro que el chico siente vergüenza por el. Yo tengo tres posibilidades de este cuento en particular.
Si alguna vez se dan el placer de leerlo quiero saber que fue lo que pensaron.
lunes, 25 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Días de cuentos y relatos: El libro de arena - Jorge Luis Borges
Como soy un alma bondadosa o voy a dejar algún relato corto o cuento corto para que puedan nutrir neuronas y entretenerse con algo rápido y hermoso.
No sean vagos y lean, el tiempo estimado que lleva es de aproximadamente diez minutos.
Amo el realismo fantástico, con finales abiertos o inconclusos y que uno pueda analizar, así que generalmente -como hoy- voy a compartir ese estilo.
Hoy quiero dejar El libro de arena por el gran Borges.
Debe tener siete paginas, es muy bueno a tal punto que me gustaría una saga completa con esta idea.
A mi me pareció que trata sobre la obsesión y en lo que puede convertir a una persona, pero es mi punto de vista.
No sean vagos y lean, el tiempo estimado que lleva es de aproximadamente diez minutos.
Amo el realismo fantástico, con finales abiertos o inconclusos y que uno pueda analizar, así que generalmente -como hoy- voy a compartir ese estilo.
Hoy quiero dejar El libro de arena por el gran Borges.
Debe tener siete paginas, es muy bueno a tal punto que me gustaría una saga completa con esta idea.
A mi me pareció que trata sobre la obsesión y en lo que puede convertir a una persona, pero es mi punto de vista.
El libro de arena
...thy rope of sands...
George Herbert (1593-1623)
La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.
Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas.
Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.
- Vendo biblias - me dijo.
No sin pedantería le contesté:
- En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.
Al cabo de un silencio me contestó:
- No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir.
Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay.
- Será del siglo diecinueve - observé.
- No sé. No lo he sabido nunca - fue la respuesta.
Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
Fue entonces que el desconocido me dijo:
- Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz.
Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
- Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
- No - me replicó.
Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
- Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de una rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.
Me pidió que buscara la primera hoja.
Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro.
- Ahora busque el final.
También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:
- Esto no puede ser.
Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:
- No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.
Después, como si pensara en voz alta:
- Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté:
- ¿Usted es religioso, sin duda?
- Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico.
Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume.
- Y de Robbie Burns - corrigió.
Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté:
- ¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico?
- No. Se lo ofrezco a usted - me replicó, y fijó una suma elevada.
Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan.
- Le propongo un canje - le dije -. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres.
- A black letter Wiclif - murmuró.
Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de bibliófilo.
- Trato hecho - me dijo.
Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó.
Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre.
Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las Mil y Una Noches.
Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cual, elevada a la novena potencia.
No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.
Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.
Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.
Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta.
Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.
Jorge Luis Borges
viernes, 8 de noviembre de 2013
Reflexión personal Allegiant. SPOILERS.
Opinión súper personal, nadie debe estar obligado a compartirla, solo puede ser comprendida por aquellos que leyeron la Serie completa.
Sean libres de cuestionar mi percepción de la Saga Divergente con respeto.
En las ultimas semanas se ha hablado tanto del final -devastador- de la Saga Divergente, que es sin ningún lugar a dudas mi saga favorita por diversas razones.
No exagero, recién hoy a mas de una semana de haberlo leído puedo escribir sobre el sin que mis emociones me hagan aun más subjetiva de lo que naturalmente soy.
Voy directo a lo importante: Tris muere.
Durante tanto tiempo tuve su voz que yo cree en mi cabeza, su presencia en mis decisiones y sus creencias alimentando a las mías, que me costo separar la ficción de la realidad... por eso es que para mi fue tan desgarrador todo ese final.
Pero creo que han reducido todo un gran libro, como en mi opinión es Allegiant, a un único hecho y es un desperdicio.
No voy a negar que los primeros días me sentí fuertemente traicionada por Veronica Roth, la culpe de arrebatarme a mi heroína y de otras irracionabilidades... No quería escuchar sus explicaciones e invente otros desenlaces en mi cabeza.
Nadie me entendía, se reían de mis argumentos por mi tristeza, es un libro me decían... ella no existía me repetían.
Para mi era mas real que muchas personas con las que trato.
Cuando mi enojo paso me dedique a analizar la historia desde el principio, osea, desde Divergente.
Tris siempre fue una persona con fuertes cuestionamientos interiores, sobre la bondad y la valentía en un principio, y como ambos valores podrían suponerse o separarse el uno del otro.
Cuando sus padres dan su vida por ella, es cuando su duda existencial sobre el sacrificio comienza a rondar en sus pensamientos y creo que eso fue el comienzo del final. Primero, ella esta dispuesta a morir por Tobias que esta bajo una simulación, aunque sabe que ese acto valentina y amor no cambiaría nada, el seguiría bajo efectos del suero al igual que todos los intrepidez y de esta manera la muerte de inocentes no acabaría, aun así ella ve eso erróneamente como un acto de sacrificio, luego todos sabemos que ambos sobreviven.
En Insurgente ella aun no logra comprender lo que sus padres le habían inculcado sobre el auto sacrificio y toma decisiones estúpidas, algo suicidas y egoístas confundiéndolas con el deseo de matar la culpa por la muerte de Will y demostrar que ella también podía hacer un acto desinteresado.
Es cuando esta al borde de la muerte cuando comprende que sus padres no habían muerto para que ella desperdiciara su vida en algo que no ayudaría a resolver el problema por el cual ellos habían luchado.
Y así ella se da cuenta que quiere vivir, vivir para arreglar lo que su mamá y su papá no habían podido a pesar de su deseo de hacerlo, vivir para tener una vida con Cuatro.
Así comienza Allegiant, con una Tris mas madura y sensata, analizando sus decisiones y mas tranquila que en los libros anteriores, con sentimientos fuertes y mas firmes que nunca sobre su amor por Tobias y descubriendo un mundo que se le había negado desde siempre.
Es ahí cuando aparece Caleb, su hermano que la había traicionado llevándola a su ejecución fallida en Insurgente, no puede perdonarlo a lo largo del libro y se generan fuertes discusiones.
En los capítulos finales Tris acompaña a Caleb a su muerte voluntaria y es cuando, finalmente, logra comprender lo que en mi opinión se centro gran parte de la saga: el sacrificio.
El sacrificio por las personas que ama porque ella ama a Caleb tanto como sus padres lo amaron para morir por el, el sacrificio por un bien mayor como era salvar a toda una ciudad de un olvido involuntario y el sacrificio como un acto desinteresado de bondad.
Ella ya no era Tris la egoísta, la valiente, la abnegada o la divergente. Ella era Tris Prior la heroína, y ahora siento un gran orgullo por todo su crecimiento.
En fin, siempre estará en mi corazón esta historia, aunque suene muy melodramático.
Si, la verdad que me gustaría otro final que no me hiciera llorar tanto como este y como que un poco se borro la magia de los dos primeros, pero ese es el final y me gusta, a pesar de todo.
Quien quiera PDF deje el mail y se lo envío con gusto.
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